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Aral Thel es una empresa familiar quindiana fundada en 1989 con la dirección científica e investigativa del Dr. Javier Aristizábal Franco y la gerencia administrativa de la economista Lucena Bustamante González.

Aral Thel cumple 30 años de trayectoria en la investigación de plantas medicinales, logrando desarrollar una completa terapéutica natural para la salud humana.

Calidad de vida en el accidente cerebrovascular

Una historia de enfermedad y secuelas

Todos conocemos a un amigo llamado Juan, un hombre promedio entre 40 y 60 años, que toda su vida ha trabajado, trabajado y trabajado. Inició desde muy joven laborando en el campo, comiendo en la finca y alimentándose como todo buen colombiano: la mayoría de su plato eran harinas, arroz, papa, plátano, yuca, poca proteína (muy cara) y prácticamente nada de ensalada. “No estamos hechos para ser conejos”, decía el papá de Juan cuando en familia comían en las noches. Esa frase marcó la forma en que Juan se alimentaba, siendo el detonante de un problema que con los años le estallaría en sus manos.

La juventud, el inicio del fin

Juan, durante sus años de juventud nunca pensó en el alimento de manera preventiva. Él solo comía para que le diera la energía suficiente para poder trabajar y llevar el sustento a su familia. Con el tiempo, cuando podía también tomaba cerveza o aguardiente para compartir con sus compañeros de trabajo. Esto lo hizo hasta pasado los 30, cuando decidió conseguir una casa, tener deudas y preocuparse mucho por el dinero; ya no bastaba solamente con llevar comida a su casa, también necesitaba pagarle a un banco. Juan seguía comiendo mal, con mucho esfuerzo y jornadas laborales de más de 12 horas; eso sí, poco sueño entre la fiesta y estar con su familia. Una vez a los 40 sintió un dolor de cabeza, un malestar muy fuerte que por primera vez lo obligo a ver al médico. Allí le dijeron que tenía la tensión alta y le mandaron un medicamento; también le comentaron que tenía el colesterol alto y que debía consumir más verduras en su dieta. Sin embargo, en la finca no se conseguían verduras, sólo se consumía lo que él siempre había comido. De igual forma, la pastilla de la tensión no la tomó. Él solía decir: “es cuento de los médicos”.

El dolor de cabeza era permanente, pero él pensaba que era por el sol o por el guayabo. A los 45 años tuvo un dolor tan fuerte que le tocó ir a urgencias; esta vez lo encontraron no solamente con la tensión alta, sino con el azúcar y el colesterol tan altos que tuvieron que hospitalizarlo para poderlo tratar. A la semana y al salir del hospital, Juan tomó las fuerzas para seguir trabajando; le mandaron muchas pastillas y él se decía: “no soy una gallina para estar tomando tantas pepas”, mientras las dejaba en la mesa de noche.

El punto de no retorno

El cuerpo de Juan fue fuerte y aguantó varios años el hecho de no cuidarse y de no tomarse las pastillas, dada su terquedad. A los 50 años en un cafetal sintió que le hormigueaba sus piernas y que la fuerza era cada vez menor en el brazo. También le dio mucho dolor de cabeza y al intentar llamar a sus compañeros, las palabras le salieron enredadas como cuando se pasaba de copas.

 

Sus compañeros notaron que algo estaba pasando. Lo auxiliaron y lo llevaron al hospital, donde nuevamente lo encontraron con la tensión alta, el azúcar en las nubes y un evento cerebrovascular.

A Juan se le enredaban las palabras, no entendía lo que le decía el médico y sólo sabía que a pesar de ser consciente de todo su cuerpo este no le respondía, era como tener un peso grande al lado derecho. Lo hospitalizaron, lo metieron en una máquina para tomarle un TAC y le dijeron que parte de su cerebro había muerto. La hipertensión y la diabetes habían ganado y habían tapado una de sus arterias. El médico le explicó que el tratamiento era estabilizar los valores de la tensión y el azúcar, siendo muy probable que él no volviera a estar como antes. Juan en el hospital pensaba y se preocupaba porque no sabía qué hacer: estaba pagando una casa, tenía sus hijos en el colegio y uno con ganas de estudiar en la universidad. ¿Si no podía trabajar, qué iba a hacer? Presentó tal preocupación que el médico tuvo que ponerle sedantes para dormirlo y que pudiera descansar.

Recuperarse al tocar fondo

Tras pasar más de un mes en la clínica, el médico le dijo a Juan que ya estaba estable y que era hora de recuperarse en su casa. Cuando estuvo hospitalizado le hicieron terapias y había recuperado en algo la movilidad, pero todavía necesitaba mucha ayuda para hacer sus labores básicas. La alimentación controlada en el hospital le había ayudado a que bajara un poco de peso y a controlar sus enfermedades.

Su familia estaba muy feliz cuando estaba de vuelta en casa, pero él no sentía felicidad: le preocupaba que ahora iba a ser un peso, más que una ayuda. Sentía que ya no valía ni como hombre, ni como papá, ni como esposo y no quiso hacer nada durante una semana; se la pasó en la cama, comía poco y notó que lo poco que había ganado en el hospital lo había perdido.

Aprender a tener salud

Pasaron unos meses en casa. Con ayuda de su hijo tomó fuerzas, siguió con terapia, su esposa le prohibió algunas comidas que él pedía a gritos y se enojaba con ella por no dárselas. Juan se dio cuenta que de él dependía recuperarse, entonces comenzó a cambiar su alimentación, a comer más verde en su plato, realizar actividad física y la terapia con más frecuencia, se tomó los medicamentos que le daba su médico y encontró que había plantas naturales que le ayudarían a estar mejor.

Juan somos todos

Juan después de unos años, aunque no camina igual, pudo conocer a sus nietos, pudo trabajar en la finca y pudo llevar su vida cuidándose, comiendo bien y haciendo actividad física. Esta historia puede ser la de cualquiera de nosotros. La mayoría de nuestra vida joven comemos mal, no hacemos ejercicio y vivimos con un grado de preocupación muy grande. Si no corregimos nuestra vida antes de que la vida nos golpee, podemos ser víctimas de un evento cerebrovascular.

Espero que esta historia sirva para que tengas otro punto de vista y si ya sufriste un evento cerebrovascular piensa que cambiar tu estilo de vida, tomar tus medicamentos y apoyarte con plantas medicinales, puede ser una opción para que mejores tu calidad de vida y puedas tener una existencia más plena.

¿Cómo puede ayudarte la terapéutica natural para el manejo del evento cerebro vascular?

La terapéutica natural Aral Thel, tras 30 años de investigación, ha creado el ARAL THEL SANDRESIL: la perfecta combinación entre el poder de la Guanábana, la Guayaba y Ñame. Las propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y circulatorias de estos elementos disminuyen la inflamación del sistema nervioso central, mejora la oxidación y la circulación, ayudando a la recuperación de las secuelas y dando calidad de vida en el evento cerebrovascular. 

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